Si me preguntan qué es la literatura infantil, no sé realmente si habrá una definición exacta para describir ese mundo lleno de fantasía y ensueño en el cuál el niño se adentra.
Cuando yo era muy pequeña, gustaba escuchar mi cassette de Alicia en el país de las maravillas, y lo único que deseaba era aprender a leer, para poder darle uso al cuento que venía con mi cassette. Me gustaba viajar por ese mundo, en el cual, yo era Alicia y perseguía al conejo blanco, tomar té con mis muñecas celebrando el No cumpleaños, y sorprenderme con el gato risueño. Luego, cuando logré aprender a leer, disfrutaba de las aventuras de Gulliver, y cada día más quería conocer historias distintas.
Hoy, veo a mi hijo alucinar y abrir tremendos ojos cuando le leo cuentos cada tarde, no sabe leer, pero se esfuerza mucho, pues, sabe que eso le permitirá no depender de mi tiempo para poder conocer algún desenlace que ha quedado pendiente o una historia que le atrae por las imágenes que posee.
Si me preguntan qué ha sido para mí la literatura, podría contestar que en mi período de niñez fue mi compañera, mi amiga. Gustaba llevar mi libro favorito a todas partes, y releerlo cien mil veces... nunca una vez era igual a la otra, siempre había algo distinto.
Hoy soy profesora de Lenguaje, y me entristece tener la misión de obligar a mis niños a leer cierto libro, imponer la lectura, permitir que ellos asocien la lectura a las obligaciones del colegio, las que generalmente no son realizadas por placer. Quisiera que ellos disfruten de la literatura, en un afán de descubrir el mundo, real e irreal, que la busquen solo por no sentir soledad.
Para mi satisfacción, he tenido buenas experiencias en mi camino de docente, he logrado transmitir día a día mi amor por las letras a los niños y jóvenes. Un día me ocurrió una anécdota, conversando con un 6° año salió el tema de Ulises, y empecé a contarles de manera informal la historia del protagonista en la isla de los cíclopes. De pronto me dí cuenta que estaban todos en silencio y muy atentos a lo que yo estaba narrando. Cuando terminé, me pedían por favor que siguiera con otra aventura de Ulises. Narré un par de historias más. Al otro día no me tocaba con ellos, y el en recreo vi a un par de alumnos sentados en unas banquitas del patio, leyendo el libro La Odisea de Homero. Me emocionó bastante, fue muy gratificante darme cuenta cómo uno puede influir en las acciones de los estudiantes, y quizás a ese niño nunca más se le olvide en las condiciones que decidió leer La Odisea.
Sé la importancia que tiene la literatura en la niñez, ya que guardo bellos recuerdos de mi propia infancia, en la que inconscientemente mi hermana mayor participó como mediadora. La literatura infantil existe no como un paso a lo que viene después, sino como un fin en sí misma. No es menos ni más que la literatura orientada a otros grupos etáreos, es literatura pura.
Guardo mucho respeto a la lectura que es llevada a cabo por un niño, pues sé que su mente está en otro lugar, en otro mundo... y eso es mágico, maravilloso. Por eso me gusta leer con mi pequeño, ya que vuelvo a jugar, me dejo llevar por su imaginación y me voy con él. Disfruto de sus comentarios, de sus preguntas descabelladas, y eso es un estado que jamás se vuelve a vivir.
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